El destino de nuestro viaje es la finca La Guadua, hogar de uno de los mejores cafés de la región y que pertenece a la asociación de campesinos Asocampat o como les llaman de cariño, Asocampitas. La población del Páramo está ubicada a casi dos horas de la carretera panamericana, el lugar está compuesto por varias casas en las montañas que se recorren por un camino curvo y empinado.

En La Guadua, el líder de Asocampat esperaba nuestra llegada. Hector Erazo, un hombre entrado en los cuarenta, siempre sonriente como muchos campesinos de nuestro país. Empujado por la violencia y la falta de oportunidades tuvo que abandonar su tierra para ir en busca de su sustento y el de su familia. Al ver la industria, la cultura y los sembrados de café en otras partes del país, en él fue creciendo la idea de regresar a su tierra para trabajar en ella, ayudar a su gente y ayudar a rescatar la cultura campesina de la que tan orgulloso se sentía.

Hector regresó al Páramo con ánimo de ayudar a impulsar su comunidad, habló con los abuelos, hombres, mujeres y jóvenes que han labrado las montañas del Páramo, ellos inspiraron aún más su sueño. Emocionado hablo con sus vecinos y amigos, les contó cómo cultivaban el café en otras partes del país y cómo así podían convertir esta tierra en un lugar prospero. – La Finca que recorríamos era el resultado de ese sueño.

Asocampat ha organizado la mayoría de los procesos de producción y transformación del Café, el cultivo pasa una serie de etapas que garantiza un producto de calidad y una disminución en el impacto sobre el ambiente; también almacenan las aguas lluvia para usarlas como riego y procuran un secado y selección minuciosa del grano que es almacenado en un lugar especial para mantener un excelente aspecto. El cuidado en el proceso del café que producen los Asocampitas llegá hasta la catación y puntación de café, ellos cuentan con uno de los mejores laboratorios de catación de café del Departamento.

A pesar de múltiples esfuerzos, la asociación aún no cuenta con canales efectivos de comercialización, en muchas ocasiones los Asocampitas han intentado sin éxito, captar clientes nacionales y extranjeros. Hoy más que nunca necesitan resolver el problema de la comercialización. La meta es clara, Don Hector desea que cada familia perteneciente a la asociación genere sustento permanente durante todo el año, cada hogar tiene la capacidad de generar ingresos mensuales que garanticen que ningún miembro de la familia abandoné su tierra.

Aunque se trata de un propósito difícil de cumplir, este pujante campesino ha encontrado su inspiración en las personas, le fascina caminar por los jardines de La Guadua y encontrarse correteando por allí a los niños, sin los afanes del dinero. Su ideal está en que la gente conozca su tierra para hablarles acerca de las cosas buenas que ha conseguido a partir del café y así continuar trabajando, en conjunto por su tierra, por El Páramo.